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"¿Cuáles son mis opciones? ¿Qué opciones he tenido que
hacer en mi vida? ¿Dónde y cómo ha estado presente Dios en mi vida? ¿Cómo
puedo usar los dones y talentos que Dios me ha dado? ¿Qué quiero hacer
de veras? ¿Dónde está mi corazón?
A través de los años he acompañado a varias jóvenes que han querido
saber a dónde Dios las estaba llamando. Estas son las preguntas que
surgen frecuentemente en nuestras conversaciones.
Cuando pienso, me doy cuenta que de mi propia vida ha sido una serie de
opciones, que le han dado forma a mi vida. Algunas opciones han sido
sugerencia de otras personas, que han creído en mí y han podido ver más
potencial en mi vida del que yo veía. Otras opciones han venido de lo
profundo de mi ser, convicciones que no me habían dejado en paz, un
sentimiento que aquello era lo que tenía que hacer en ese momento. He
identificado diez opciones que me han servido bien en momentos cruciales.
Vida religiosa
Mi historia empieza en Chicago, Illinois, donde nací de papás que me
querían mucho. Católicos fieles y disciplinados, ellos me transmitieron
sus costumbres, al ser yo su primogénita. Viví seis años y medio como
hija única, un poco chiflada, hasta la llegada de mi único hermano.
Fuera de mi familia inmediata, siempre me impresionó el fervor religioso
de mis abuelos paternos y de la familia de una tía de parte de mi mamá.
Quería ser como ellos.
Créanlo o no, la opción por la vida religiosa fue una de mis primeras
opciones, que recuerdo. Cuando iba a entrar en el tercer año de primaria,
mi familia y yo nos mudamos a Evergreen Park y mis padres me inscribieron
en la escuela parroquial "Most Holy Redeemer" (Santísimo
Redentor). Las Hermanas de la Santa Cruz que conocí en la escuela me
impresionaron profundamente y decidí ser como ellas. Esta atracción
permaneció en mí durante la preparatoria, junta con otras opciones que
se presentaron. Cuando les mencionaba a mis papás este sueño, ellos me
decían: "Ya veremos". Aunque la respuesta me parecía fría y
sin comprensión, más tarde me di cuenta que era muy sabia. No me
desanimaron ni tampoco estaban entusiasmados con la idea. Cualquiera de
estas respuestas hubiera representado una presión. Me dejaron escoger lo
que yo quisiera. Más que nada, ellos querían mi felicidad.
Latín o Español
Después de graduarme de la primaria y secundaria de "Most Holy
Redeemer", entré a la preparatoria para muchachas "Mother
McAuley". Mi mamá me animó a que escogiera Español como segundo
idioma. Me dijo que era más fácil que el Latín y más divertido. Seguí
su consejo sin saber que el Español sería una herramienta que cambiaría
mi vida. Más tarde en la universidad estudié más Español y Latín y di,
por muchos años, clases de idiomas a jóvenes y adultos. Cuando me mudé
de Indiana a Texas, usé el Español en mi ministerio en tres parroquias.
Los últimos diez años he vivido en Ciudad Guadalupe, Nuevo León,
México, cerca de Monterrey y a unas tres horas al sur de la frontera de
Laredo, Texas. Ahora uso el español todos los días.
Santa Cruz
En la preparatoria me enseñaron las Hermanas de la Misericordia. En
mi tercer año la preocupación más grande fue en cuál congregación
religiosa debía entrar. Mi mirada inexperta veía que las Hermanas de la
Santa Cruz y las Hermanas de la Misericordia parecían casi iguales. Al
final escogí a Santa Cruz porque su casa general era la que se encontraba
más lejos de mi casa. El noviciado de las Hermanas de la Misericordia se
encontraba a un kilómetro de mi casa y el de Santa Cruz, a unas dos horas.
La distancia me parecía importante en este momento. Además, Santa Cruz
tenía misiones en muchas partes de los Estados Unidos así como en
Bangladesh y Brasil. Esto me atraía. Yo era una muchacha tímida, pero
quería hacer algo importante con mi vida. A mis 18 años tenía ganas de
dedicarme completamente al servicio de Dios y de su pueblo.
Ante todo, maestra
Cuando entré en la Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz,
sus ministerios eran ser maestras o bien enfermeras. Yo quería ser
maestra. Las primeras hermanas que conocí eran maestras de primaria eso
era lo que quería ser también. Mi opción de estudiar una especialidad
en Español hizo que la idea de ser maestra cambiara un poco, pero no
mucho. Estudié español y educación secundaria y mis primeras misiones
fueron en preparatorias. Me encantó la experiencia de enseñar a jóvenes,
pero poco a poco empecé a trabajar con adultos y me gustó aún más.
Enseñé Latín y Español a jóvenes e Inglés y Español a adultos.
Estaba ayudando a muchos a abrir sus horizontes y experimentar nuevos
mundos.
Misiones en mi propio país
Cuando terminó mi tiempo en East Chicago, Indiana, en la Preparatoria
Bishop Knoll, empecé a realizar visitas domiciliarias a mujeres tanto
mexicanas como puertorriqueñas y cubanas que estaban en mis clases de
Inglés básico. ¡Descubrí que el español me estaba sirviendo otra vez
para abrir nuevos mundos!
Ya tenía 34 años cuando fui a servir en el sur de los Estados Unidos,
conocido como "Home Missions" (Misiones Locales). Siempre me
habían impresionado las hermanas que servían fuera de los Estados Unidos,
sin embargo nunca sentí una llamada a "las misiones" hasta que
llegó este nuevo concepto de "Misiones en tu Propio País". Me
di cuenta que había mucha pobreza espiritual y material entre los recién
llegados al sur del país y esto me llamó mucho la atención. También me
di cuenta de que podría usar mi español de otro modo: en el ministerio
parroquial. La hermana Martín de Porres y yo nos ofrecimos a mudarnos al
sur del país y fuimos enviados a una parroquia hispana, Cristo Rey, en
Austin, Texas.
Mi vida estaba cambiando otra vez. Fue un tiempo de transición al
ministerio fuera del salón de clases, así que nos preparamos para servir
como ministros parroquiales. Trabajamos con un párroco excelente, el
Padre John Driscoll, por tres años, y tratamos de absorber todo lo que
podíamos.
Más tarde trabajé por seis años como administradora de una parroquia
sin sacerdote. Junto con otras hermanas o asociadas nos dedicamos al
desarrollo de laicas y laicos. Durante estos años tuve el privilegio de
acompañar a varias hermanas jóvenes y asociadas en sus primeros pasos en
el ministerio parroquial. Fue para mí un tiempo rico en experiencias y
espero que para la gente también lo haya sido.
Ministerio interno
En 1987 me eligieron superiora de la Región del Sur de nuestra
Congregación y en 1989, fui elegida para el Equipo de Liderazgo al nivel
general. Tuve la oportunidad de conocer a muchas hermanas y acompañarlas
en momentos importantes de sus vidas. Como Equipo también tomamos algunas
decisiones que tuvieron un impacto en la vida de la Congregación. Este
fue un tiempo de crecimiento y purificación para mí, un tiempo que no
hubiera escogido, pero que ahora valoro.
Cruzando fronteras
Después de los siete años de ministerio interno, pedí permiso para
ir a Monterrey, México, con el equipo de Santa Cruz que ya estaba allá.
Aunque había usado el español en mis varios ministerios por
aproximadamente 30 años, vivir en un país de habla española fue un reto
que me costó bastante. Fui a México porque me pareció que era lo que
debía hacer en aquel momento. Todavía estoy aquí, porque siempre ha
habido proyectos nuevos e interesantes.
Al elegir cruzar la frontera, escogí también acompañar a la gente
pobre y sencilla, gente llena de fe que sigue inspirándome día tras día.
La gente me ha formado y me ha sensibilizado. Mudarse a otro país es
bueno para la humildad de una. De repente yo era la minoría. No entendía
los sistemas políticos, económicos, sociales ni eclesiales y casi nunca
comprendía las bromas. Muchas veces la gente no entendía y todavía no
entienden mi acento. Los niños me miran incrédulos con mi alta estatura,
mi piel y pelo blanco. De todos modos me encanta la vida que tengo aquí.
Dando la bienvenida
Hace cinco años, tomamos la decisión de cambiar parte del enfoque de
nuestro ministerio. El mío había sido casi exclusivamente con mujeres en
pequeñas comunidades de base y estudios bíblicos con adultos. La Hermana
Michelle Toepp trabajaba con niñas y niños. La Congregación estaba
pidiendo que prestáramos más atención al ministerio vocacional. Nos
dimos cuenta de que, si queríamos atraer jóvenes a nuestra vida,
teníamos que hacer espacio para ellas.
El primer paso fue dedicar un fin de semana de cada mes a actividades
con muchachas solteras. Iniciamos un grupo de discernimiento para mujeres
entre 18 y 35 y un grupo de servicio para muchachas 11 a 17. Después
abrimos nuestra casa para experiencias de "Ven a Ver" para
muchachas que estuvieron considerando la posibilidad de la vida
Formación en México
Aunque esperábamos que algunas muchachas mostraran interés en Santa
Cruz, nos sorprendió cuando dos de las participantes del grupo de
discernimiento hablaron con nosotras acerca de su deseo de entrar a la
Congregación. Sus preguntas nos empujaron a hablar con el Equipo de
Liderazgo sobre la posibilidad de formación inicial en México. El Equipo
de Liderazgo estuvo de acuerdo.
La primera candidata del programa en México empezó en Septiembre de
2002 y entró en el noviciado en julio del 2003. Dos nuevas candidatas
empezaron su programa en Enero del 2005 y otras están mostrando interés.
Viviendo con un corazón agradecido
Una de las opciones más importantes y más constantes en mi vida ha
sido el tener una actitud de agradecimiento. Esta actitud me ha ayudado en
situaciones difíciles y me ha ayudado a aprender algo de todo lo que pasa.
Mis opciones han sido ricas y abundantes. Mujeres y hombres sabios me
han guiado y animado a dar pasos que hubieran sido difíciles tomar yo
solita. Por otro lado he tenido el privilegio de guiar y acompañar muchas
mujeres, religiosas y laicas a dar sus primeros pasos en el ministerio
pastoral o en la vida religiosa. Acompañarlas y animarlas en el camino ha
sido un gozo para mi.
¿Cuáles serán las opciones de mi futuro? No puedo estar segura, pero
tengo consuelo de la fidelidad del Espíritu amoroso de Dios que hasta
ahora ha estado presente en mi vida. Estoy segura que las maneras en que
Dios ha actuado en mi vida, no van a cambiar!
¿Y tú? ¿Has considerado tus opciones recientemente? ¿Qué es lo que
quieres hacer con esta vida preciosa que es la tuya? ¿Es posible que
Santa Cruz sea una posibilidad para ti, como ha sido para mí?
* * *
"Las Jornadas de Santa Cruz" son historias vocacionales
diseñadas para compartir las vidas de las Hermanas de La Santa Cruz con
jóvenes que están explorando la posibilidad de entrar a la vida
religiosa. Hay una serie de historias acerca de hermanas que participan en
diversos ministerios.
La Congregación de las Hermanas de la Santa Cruz es una comunidad
internacional cuya casa Madre se encuentra en Saint Mary's, Notre Dame,
Estados Unidos. Su enfoque ministerial es en la justicia, la educación,
la salud y otros servicios pastorales. La Congregación trabaja en
Bangladesh, Brasil, Ghana, India, México, Perú y Uganda, al igual que en
Estados Unidos. La congregación fue fundada en 1841, y cuenta con
aproximadamente 600 miembros a través del mundo.
Contacto:
Hermana Micaela Toepp, CSC
Apdo. Postal #54
Guadalupe, Nuevo Leon
Mexico 67101
81-83-23-34-08
micaela@hermanasdelasantacruz.com
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