| Basilio
Antonio Moreau (1799 - 1873)
El comienzo
Basilio Moreau nació el 11 de febrero de 1799 en
Laigné-en-Belin, pequeño pueblo de la Sarthe situado a
pocos kilómetros al sur de Le Mans. Fue el noveno de una
familia de catorce hijos, tres de los cuales murieron siendo
niños. Sus padres, Luis Moreau y Luisa Pioger, eran
agricultores. El padre también fue comerciante de vino.
El cura de Laigné discernió muy pronto en el joven
Basilio los signos de una vocación y alentó a sus padres a
que le permitieran realizar los estudios que lo llevaron al
sacerdocio. En 1814, Basilio entra pues en el colegio de
Château-Gontier y, en 1817, entra al Seminario de Le Mans.
El 12 de agosto de 1821, con 22 años es ordenado sacerdote.
El obispo de Le Mans le envía a continuación a París, a
los Sulpicianos para perfeccionar su formación en Teología
y para que se impregne de su espiritualidad. Al volver a Le
Mans, en 1823, le nombran profesor del Seminario: durante
trece años dará clases de filosofía, dogma y Escritura
Santa sucesivamente.
La fundación de Santa Cruz
Sin dejar de cumplir con su tarea de formador, el joven
sacerdote, con su carácter emprendedor y activo, intenta
responder también a las diferentes necesidades pastorales.
En 1835, organiza un grupo de sacerdotes auxiliares para
predicar misiones y retiros en las parroquias. Ese mismo
año, su obispo le pide que asuma la dirección de un
instituto de hermanos profesores, los Hermanos de San José,
instituto fundado por el cura de Ruillé-sur-Loir, Santiago
Francisco Dujarié en 1820. Con el fin de garantizar una
colaboración permanente entre los dos grupos, en 1837,
Basilio Moreau los une en una sola comunidad y les
encomienda la misión de educar a los jóvenes y evangelizar
las zonas rurales. La asociación toma, naturalmente, el
nombre de Santa Cruz, la localidad donde se funda. El Centro
de enseñanza dirigido por los hermanos y sacerdotes
adquiere muy pronto una reputación que se extiende mucho
mas allá de la ciudad de Le Mans.
El 15 de agostos de 1840, Basilio toma los votos
religiosos. Varios discípulos suyos siguen su ejemplo. El
Padre Moreau se convierte así en el fundador y superior
general de una verdadera familia religiosa. Al mismo tiempo,
Basilio realiza el proyecto en el que estaba pensando
añadiendo una rama femenina a la asociación de hermanos y
sacerdotes. En 1841, la llegada a Santa Cruz de Léocadia
Gascoin, quien se convertirá en la Hermana María de los
Siete Dolores, aportará una base sólida a la comunidad de
hermanas, las Marianitas de Santa Cruz. Al mismo tiempo, el
Padre Moreau da a la obra de Santa Cruz una dimensión
misionera. Ya en 1840, un pequeño grupo de religiosos es
enviado a Argelia. El año siguiente, otro grupo marcha a
Estados Unidos. En 1847, cuando la comunidad está en pleno
auge en Francia, los padres, las hermanas y los hermanos
llegan a Canadá. Seis años más tarde, Santa Cruz se hace
cargo de la misión de Bengala (actual Bangladesh). En 1869,
las Marianitas de Santa Cruz de Indiana adquirieron su
autonomía y se convirtieron en la Congregación de las
Hermanas de la Santa Cruz, y, en 1883, las Marianitas de
Canadá se convirtieron en la rama conocida como la
Congregación de las Hermanas de Santa Cruz (Soeurs de
Sainte-Croix).
La visión de Basilio Moreau
El espíritu de unión
Lo que más intenta inculcar a los miembros de esta familia
es el espíritu de unión. Le gusta repetir "La unión
hace la fuerza y la desunión lleva a la ruina". Desea
esta unión no sólo porque tiene que encarar el reto de
hacer vivir juntas a tres comunidades, sino también porque
toda congregación religiosa, si quiere sobrevivir, debe
imitar a los primeros cristianos "que tenían un sólo
corazón y una sola alma". Siguiendo esta línea de
pensamiento, a menudo presentaba el ejemplo de la santa
familia de Nazareth, reflejo sobre esta tierra de la unión
de las tres personas de la Santa Trinidad. En una de sus
primeras cartas circulares escribe: "formando con Él (Jesucristo)
un sólo cuerpo, animado por el mismo espíritu y viviendo
una sola vida, debemos permanecer unidos en Él los unos a
los otros, de forma que seamos uno solo, como las ramas con
el tronco, sostenidas por la misma raíz y alimentadas por
la misma savia, que forman un solo árbol." También
por este motivo consagra a los sacerdotes al Corazón de
Jesús, los hermanos a San José y las hermanas al Corazón
de María y toda la congregación a Maria, bajo el titulo de
Nuestra Señora de los Dolores.
La Divina Provídencia
Además del espíritu de unión y de colaboración mutua,
Basilio Moreau ha querido inculcar en los sacerdotes,
hermanos y hermanas de Santa Cruz, una firme confianza en la
Divina Providencia. Sintiéndose un simple instrumento en
manos de la Divina Providencia, escribe: "La obra de
Santa Cruz no es la obra del hombre, sino la obra de Dios.
…He aquí por qué os suplico que os renovéis en el
espíritu de vuestra vocación, que es un espíritu de
pobreza, castidad y obediencia… Así podremos confiar en
la Providencia… Porque se encarga de proveer de quienes se
dejan guiar por ella al cumplir todos sus deberes… La obra
de Santa Cruz es su obra y por ello no ha permitido su ruina
a pesar de los terribles golpes que le ha dado el enemigo
del bien, quiere que sobreviva y se desarrolle cada vez más."
El celo apostólico
Vinculado en esta confianza en la Providencia, el fundador
de Santa Cruz ve como se desarrolla entre sus religiosos un
espíritu apostólico, un celo apostólico. En su libro,
Pedagogía Cristiana, publicado en 1856, el Padre Moreau
escribe: "Entendemos aquí por celo la llama de
ardiente deseo que sentimos por hacer conocer, amar y servir
a Dios y, con ello, salvar las almas. La actividad es por lo
tanto la característica propia de esta virtud, y todo (apóstol)
animado por ella cumple con los deberes propios de su estado
con solicitud y afecto además de valor y perseverancia...
Su celo esta siempre guiado por la caridad; lo hace todo con
fuerza y dulzura; con fuerza porque es valiente e
inquebrantable en situaciones de sufrimiento, de dificultad
y en las pruebas... con dulzura porque es tierno y compasivo
como su modelo divino."
La aprobación eclesial
El año 1857 marca un hito en la vida y en la obra del Padre
Moreau: el Papa Pío IX aprueba oficialmente la
congregación de Santa Cruz, por lo menos la de los
sacerdotes y hermanos, ya que la congregación de Marianitas
de Santa Cruz recibirá la aprobación romana sólo diez
años más tarde. Por ello se realiza una gran celebración
de acción de gracias en la iglesia de Nuestra Señora de
Santa Cruz.
Muerte del Fundador
Sin embargo, empieza una época dolorosa para el fundador.
Desavenencias en la congregación, graves problemas
económicos y acusaciones de mala administración, lo llevan
a presentar su dimisión del cargo de Superior General ante
el Capítulo General de 1860, que la rechaza. Sólo en 1866,
tras agravarse las dificultades e injusticias cometidas
contra él, su dimisión será aceptada por el Papa.
Rechazado por la comunidad que había fundado, el Padre
Moreau se retira, con dos de sus hermanas, en una pequeña
casa de su propiedad, justo al lado de la Institución de
Santa Cruz. Pasa los últimos años de su vida predicando en
las parroquias de los alrededores de Le Mans. Enferma el 1
de enero de 1873 y muere a los veinte días. La Hermana
María de los Siete Dolores está junto a él en sus
últimas horas, atestiguando la fidelidad de las hermanas.
La comunidad de las Marianitas, su capellán, algunos
religiosos y miembros del clero diocesano, además de
algunos amigos, asisten al funeral de Padre Moreau y a su
inhumación en el cementerio de la comunidad.
Solamente 20 años después de su muerte los superiores
generales tratan de reavivar la veneración por Basilio
Moreau y de suscitar una devoción a su memoria. A pesar de
todo, las congregaciones fundadas por él siguen
desarrollándose y extendiéndose por todo el mundo.
Santa Cruz hoy
Hoy en día, los religiosos y las religiosas de Santa Cruz
trabajan como educadores de la fe en escuelas y
universidades y realizan ministerios importantes, como la
pastoral y los servicios sociales. La Congregación de Santa
Cruz está presente en Francia, en las Américas, en África
y en Asia. Los sacerdotes, hermanos y hermanas de Santa Cruz
siguen realizando la visión del Padre Basilio Moreau
gracias a su compromiso en la vida consagrada, su celo por
la misión y su diversidad de compromisos apostólicos.
Beatificación
La causa de beatificación del Padre Basilio Moreau
introducida en la diócesis de Le Mans en 1946, fue
presentada en Roma únicamente en 1994. El 12 de abril de
2003, el Papa Juan Pablo II reconoció la heroicidad de las
virtudes de Basilio Moreau y le otorgó el título de
Venerable. Dos años más tarde, el 28 de abril de 2006, Su
Santidad el Papa Benedicto XVI, autorizó la promulgación
del decreto sobre el milagro atribuido a la intercesión del
Venerable Servo de Dios, Basilio Moreau.
Aunque el nombre de congregación de Santa Cruz no viene
de una devoción especial del Padre Moreau por la cruz de
Cristo, la cruz estuvo muy presente en su vida y él nunca
dejó de usar esta apelación para insistir en el papel de
la cruz en la vida espiritual de sus hijos e hijas. Dio
incluso como lema para su comunidad este versículo de un
himno litúrgico: ¡Salve oh cruz, nuestra única
esperanza!
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